En un clima sereno, de oración y de intensa conmoción, Chiara Lubich concluyó hoy a los 88 años su viaje terreno, en su residencia de Rocca di Papa (Roma), donde entrada la noche había regresado por su expresa voluntad después de estar internada en el Policlínico Gemelli. En un telegrama de condolencia, el papa Benedicto XVI destacó que Chiara Lubich vivió un "compromiso constante por la comunión en la Iglesia, por el diálogo ecuménico y la fraternidad entre todos los pueblos", e invitó a los focolares a seguir sus "huellas" y a "mantener vivo el carisma" en el "ardor misionero".
Durante toda la jornada, en las horas conclusivas de su existencia, cientos de personas –parientes, estrechos colaboradores y sus hijos espirituales– han pasado para dirigirle el último saludo en la habitación, para luego detenerse en oración en la capilla de al lado, permaneciendo largo rato en los alrededores de su casa. Una ininterrumpida y espontánea procesión. Con algunos, Chiara intercambió algún gesto de acuerdo, a pesar de su extrema debilidad.
Están llegando del mundo entero mensajes de participación y condolencia por parte de líderes religiosos, políticos, académicos y civiles, pero sobre todo de muchísima gente de “su” pueblo, la Obra de María
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario